Capitulo 8

[Cap 8]

 

Ivette se despertó acostada en una cama. Mirando a su alrededor, vio una habitación con un ambiente austero, con solo la cama, una mesita, una lámpara y una pantalla en la pared. La cama tenía sabanas de látex color blanco que le cubrían el cuerpo.
Al levantarlas, vio que su cuerpo no era femenino, era distinto, buscó sus pechos pero no los halló, sentía entre sus piernas la presencia de un pene que la sobresaltó. Al mirarse mas en detalle, lo tomó en sus manos, como reconociendo su nueva forma. Tener testículos le pareció de otro mundo. No podía creer que hubiera sucedido.
De repente una voz dijo:
– Es raro verdad?, qué se siente?-.
Ivette se sobresaltó y se cubrió. Mirando a la puerta, descubrió la mirada de Vera.
– Verás, debes acostumbrarte a él, conocer tu nuevo ser y aprender lo que te gusta-.
– Vera, yo no sé…yo creí que…- Balbuceó Ivette
-Tonterías!, aprenderás muy rápido bajo mi tutela, créelo – Respondió Vera y lanzó sobre la cama un par de revistas.
– Míralas, tal vez encuentres algo que te guste – y se retiró.

Tras ella, entró una asistente con una bandeja y el desayuno. Estaba vestida con un traje de mucama de látex. Sin decir nada, le hecho una mirada a Ivette, se volteó y se retiró.
El televisor en la pared se encendió, apareció una película con bellas mujeres vestidas de látex teniendo sexo. Ivette se quedó mirando un momento, pero luego se puso a desayunar. Sin embargo, al rato, sin nada para ver o hacer, se quedó mirando la pantalla.
Aunque no entendía cómo ni por qué, de repente sintió que su miembro de látex se erguía por si mismo, hasta ponerse firme. De alguna manera, se sentía excitada y seguir mirando la pantalla alimentaba ese deseo.

No pasó mucho antes de que sin darse cuenta, su mano derecha masajeara rítmicamente su pene mientras ella miraba la pantalla. La sensación era tan placentera, tan fuera de toda lógica que no podía ni quería dejarlo. Sentía excitación adentro suyo, por todo el cuerpo pero ya no veía su vagina, solo seguía su instinto.
Corriendo para atrás la silla, se recostó en ella un poco y ya de frente a la pantalla aumento la intensidad con que lo hacía. El deseo de acabarse creció al punto en que no deseaba otra cosa más que eyacularse viendo a esas mujeres totalmente encapsuladas en látex siendo penetradas una y otra vez, gimiendo y gozando….

Sus ojos se elevaron y se puso tensa.
Un chorro de semen saltó hasta la mesa, haciendo que ella se incorporara del sobresalto, pero su mano seguía estimulando su pene, que continuó expeliendo su carga de a pulsos mientras ella se acababa. Jadeando, liberó un gemido de placer que se oyó desde fuera.
Unos minutos después regreso la mucama, quien sin decir nada tomó varias servilletas y comenzó a limpiar y juntar el semen de la mesa y el piso. Ivette estaba tan ausente que no se inmuto y recién se dio cuenta cuando la mucama se la quedó mirando.
– Oh, yo, este bueno, que vergüenza, yo..-. Balbuceó mientras se cubría
Pero la mucama se le acercó sensualmente, descolgando sus pechos de las copas de su vestido.
– Ama nos lo prohibió, pero nunca se enterará, será nuestro secreto verdad?- .dijo
Ivette, recién recuperada de su primera masturbación no dijo nada, sintió con asombró que su pene se erguía muy rápido en respuesta a eso y se aferró a la mucama, quien luego se arrodilló frente a ella y le bajó las calzas que llevaba puestas, dejando el pene de aquella frente a su cara.
Así acabado como estaba, la mucama comenzó a succionarlo, limpiándolo y dándola a Ivette una oleada de placer oral que la hizo estremecer. El contacto de esa lengua con su sensible glande, le daba una sensación como de intensos pulsos en su interior, no entendía cómo pero era real.
La mucama siguió con su actividad mientras Ivette la miraba con un enorme deseo de acabarse. Pero antes de que lo lograra aquella se detuvo y se puso de pie. Luego se tomó los pechos enfundados en látex transparente y colocó el pene de Ivette entre ellos, presionándolo, haciéndolo mover rítmicamente Ivette miraba fijo todo eso y jadeaba cada vez más.
Segundos después, nuevamente sus ojos se elevaron y liberó un suspiro.
Un chorro de semen cayó sobre el pecho, cara y cuello de la mucama, quien sonrió lascivamente al ver que Ivette se había acabado en forma tan profusa por ella.

La mucama tomó con sus manos en negros guantes de látex parte de la eyaculación y se la llevó a la boca, tomándola con su lengua. Luego se puso de pie y le propinó un profundo beso de lengua a Ivette, quien sintió en su propia boca una lengua vivaz que le entregaba parte de su propia eyaculación. El momento fue de clímax.
La mucama dijo:
– Jajaja, aprendes rápido tu nuevo ser, ni siquiera me preguntaste el nombre y mira como estamos ya, jajaja….por cierto, mi nombre es Yegua-1 y… –
Intempestivamente ingresó Vera, quien sin miramientos, exclamó
– Eres una zorra indisciplinada!, les advertí de no acercarse a mi nuevo semental! -.
Con su fusta fue hasta la mucama y le propinó un soberano azote en la nalga.
– De pie!, te daré tu merecido por tu desobediencia -.
Vera tomó un mordillo inflable y se lo colocó con brusquedad, forzándole la mandíbula, luego le ató los brazos y antebrazos por la espalda, tomó un cinturón de castidad metálico y lo fijo a la entrepierna de la mucama. Finalmente le ordenó marchar como caballo.
– Camina yegua puta, marcharás todo el día y dormirás en el establo!, tendrás prohibida  toda forma de placer sexual hasta que yo lo ordene -.
La ex mucama, devenida en yegua, gimió un poco pero luego asintió y se retiró marchando como caballo. Vera se fue tras ella.

Luego de lo que pareció una eternidad, Maurice se despertó en una cama. La habitación era austera, desprovista de todo lujo. Su cuerpo estaba cubierto por una sabana de látex blanco. Al quitársela, vio con horror dos prominentes pechos femeninos que se erguían, con dos pezones que sobresalían. Su cuerpo estaba enteramente cubierto de látex negro.
Tanteó con sus manos y sintió que su cintura se reducía a medida que bajaban, para juego ensancharse de vuelta.
Instintivamente fue con sus manos buscando su pene, para encontrarse que allí ya no había nada, solo una tanga de látex rosa y bajo ella, los suaves labios de una vagina siliconada.
Con sus dedos exploró ese clítoris, y para su sorpresa, sintió una sensación de hormigueo en su interior muy agradable.

Sin que tuviera tiempo, se abrió la puerta y apareció allí una figura femenina esbelta, vestida con un traje de instructora de equitación de látex y en sus manos una fina vara a modo de fuste que flexionaba. Sus ojos eran firmes y serios y no tardó en decir:
– Buenos días Yegua-3, se acabó tu descanso, es hora de que te domemos-.
– Hola, yo, Vera?,. Que hago aquí?, yo soy….-. Dijo Maurice confundido.
– Silencio! Solo hablarás si te lo ordeno!- Gritó Vera y le aplicó un golpe en la nalga con su fuste.
Maurice gimió, no sabía por qué pero sintió que debía ponerse de pie y quedarse en silencio.
– Bien, ahora quiero que comiences a caminar como la yegua que eres-.
Un fustazo le recordó que hacer y comenzó a caminar con dificultad en sus tacos aguja, mientras Vera iba tras ella.
Se dirigieron por un corredor hasta una habitación, donde una asistente estaba parada esperando. Al llegar, Vera dijo:
– Yegua-2, dale su nueva ropa, tiene que aprender sus nuevas tareas!-.
La asistente tomó una valija y extrajo de ella un traje de mucama de látex.
– Póntelo, te quiero presentable y hacendosa para cuando te presentemos al nuevo stud del establo, debes impresionarlo-. Dijo Vera.
Maurice se dio vuelta y negó con al cabeza. Jamás se pondría ese vestido. Vera lo miró y dijo:
– No tienes alternativa, no me obligues a darte un correctivo-.
Maurice se negó.

La mucama, tomó una fina manguera de goma y la conectó a una especie de cajita -cinturón que Maurice llevaba en su vientre, luego le insertó el otro extremo, que era un mordillo inflable en la boca y lo sujeto a su máscara. Finalmente le ató los brazos por detrás de la espalda. Maurice ya no podía moverse ni negarse.

De repente sintió una intensa estimulación en su ano en su clítoris y en sus dos pezones.
Sin poder resistirse cayó de rodillas. Vera lo miró fijamente y presionó un control que tenía en la mano.
Maurice abrió los ojos de par en par. Como queriendo gritar pero no podía, se estremeció y sus ojos se elevaron. Su cuerpo se sacudió.
Sin entender, explotó un orgasmo descontrolado en su interior, un orgasmo tan intenso que no pudo pensar, sino hasta que sintió un liquido viscoso y tibio que llenaba su boca.
El placer se mezcló con la sorpresa y para peor, la estimulación continuó, lo mismo que el flujo de semen que inundó su boca y lo obligo a tragarlo, oleada tras oleada, mientras Vera lo miraba firme y decía:
– Lo bueno es que ya no tendremos que darte el desayuno, jajaja -.
Maurice siguió atónito tragando, hasta que Vera dejó de presionar el botón.
– Aun tenemos resistencia, Yegua-2, debemos aplicarle mayor sissyficacion hasta que acepte su nueva condición – Dijo Vera.
Yegua-2 tomó el vestido de mucama y procedió a vestirlo a Maurice sin que este pudiera hacer nada. Al terminar, Maurice parecía una mucama francesa vestida de látex completamente y con el mordillo en su boca.
Vera le aplicó un fustazo en la nalga y le fijo:
– Camina Yegua-3!, debes aprender a disfrutar tu nuevo ser -.
Maurice hizo caso y Vera quitó su dedo del botón.
– Bien, mientras mas rápido me hagas caso, mas disfrutarás el cambio, créeme! -.

Los tres salieron de la habitación. Iban hacia la sala de entrenamiento….

 

Continuará….

Una respuesta to “Capitulo 8”

  1. Ondu Says:

    Muy bueno Gerez. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: